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De la mano de Edmund McMillen, una de las mentes más brillantes del circuito de juegos indie, llega el particular y extraño The Legend of Bum-Bo, que se presenta como una precuela del premiado The Binding of Isaac. Los fans de las obras de este autor, que cuenta en esta ocasión con la colaboración de James Interactive, van a encontrarse todo lo que le caracteriza, en esta ocasión ofreciendo un juego de puzles desarrollado en un mundo de cartón.

Una vuelta de tuerca a los puzles

Si buscamos un género en el que clasificar The Legend of Bum-Bo, lo que haremos será decir que se trata de una experiencia que intenta seguir la línea de títulos de puzles como Puzzle Quest o Zoo Keeper. Pero lo hace de una manera tan extraña, tan loca y tan alternativa en términos de jugabilidad y visualización gráfica, que al final es imposible comparar el juego con nada. Esto es algo característico de McMillen y una circunstancia que podíamos esperar teniendo en cuenta que forma parte del mismo universo que The Binding of Isaac.

Es adictivo por mucho que se base en las combinaciones de objetos típicas sobre tableros de lo más curiosos dibujados a mano sobre tablas de cartón. A medida que hacemos combinaciones de objetos nos ocupamos de enfrentarnos contra todo tipo de enemigos que aparecen en nuestro camino. Y nos sorprendemos, porque seguimos jugando nivel tras nivel por mucho que la primera impresión que nos dé el juego sea de que se trata de una propuesta excesivamente sencilla y que incluso parece sin acabar.

El universo de pesadilla de The Binding of Isaac

Este es el rasgo principal y lo que hace que el juego aporte valor, no solo a los fans del original, sino también a quienes busquen una experiencia muy distinta englobada dentro del género de los puzles. Todo el universo del juego previo se representa de forma oscura, desagradable en algunos momentos, loca, extraña y surrealista. El uso del dibujo a mano, del cartón, de que todo parezca plano y que aún así los enemigos tengan cierta carga de terror, sorprende. Son rasgos que solo con una buena dirección como la que ha hecho Edmund McMillen llegan a tener éxito en un juego de estas características.

Además, no olvidemos algunos de sus elementos principales, como la presencia de más de 100 objetos que ir combinando a lo largo de la partida, diferentes personajes cuya experiencia de juego cambia de forma significativa (de verdad se nota la diferencia de jugar con uno o con otro), distintos tipos de enemigos y una buena banda sonora que sigue el mismo tono que el aspecto gráfico. También hay bugs, que se irán solucionando, pero en contraposición a lo negativo tenemos una buena serie de desbloqueables que nos mantendrán entretenidos y el tipo de secuencias animadas que nos hacen sentir un tipo de sensación extraña en nuestra piel por lo extrañas que resultan con ese tono oscuro y el estilo visual de cartón.